
Según cuenta la leyenda, en el año 1410 en la ciudad de Brujas, un joven pintor llamado Jan Van Eyck (1390-1441) puso a secar un cuadro al sol, pintado al temple y tratado con aceites. A los días cuando fue a ver el cuadro, comprobó que la pintura se había cuarteado. Desde aquel día no dejó de buscar un aceite que secara a la sombra.
Van Eyck encontró que mezclando una pequeña parte de Barniz blanco de Brujas con aceite de linaza, obtenía una mezcla que permitía secar las pinturas a la sombra sin dificultad. El pintor empezó entonces a pintar con barniz blanco de Brujas y aceite de linaza, aglutinando con ellos las mismas tierras de colores que usaba para pintar al temple, comprobando así que los colores respondían mejor y que mientras secaban, el pintor podía rectificar o repintar sin que se diluyeran los colores anteriores.
Jan Van Eyck había descubierto el mejor medio para pintar, la pintura al óleo.